OTRA FORMA DE “CREAR VALOR”

Hace algo más de 60 años, Herbert Simon, aquel psicólogo y economista norteamericano que se convertiría en uno de los referentes más influyentes en el pensamiento empresarial moderno, nos hablaba sobre el “equilibrio organizacional”. Al abordar esta idea, no se refería puntualmente a la estabilidad de la empresa ni a la gestión de sus recursos, sino a la necesidad de sostener vínculos confiables a largo plazo con todos aquellos grupos participantes del fenómeno organizacional, es decir aquellos que a través de sus aportes contribuyen a la generación de la propuesta de valor de la empresa. En la preservación y enriquecimiento de dichas relaciones radica la posibilidad cierta de adaptarse competitivamente al entorno y perdurar en el tiempo. Con la agudeza que caracterizaba sus análisis, el Profesor Simon nos alertaba ya en esos tiempos acerca de la necesidad de, con el mismo énfasis con el que se cuidaba dar respuesta a los intereses de accionistas, clientes y empleados, integrar fluidamente a los procesos productivos a nuestros proveedores. Han pasado décadas desde aquel ensayo y hoy resulta frecuente escuchar en los ámbitos empresariales expresiones tales como la “alianza estratégica con los proveedores” o el “gerenciamiento de la cadena de abastecimiento”, cualquier sistema de aseguramiento de la calidad y su certificación contiene pautas estrictas acerca de cómo tratar esta cuestión, y a la luz de tantos discursos y recursos, tal vez al observador desprevenido podría parecerle que ésta es una cuestión totalmente allanada y que resulta recurrente y tal vez hasta una obviedad esta recuperación que hacemos del pensamiento simoniano. La pregunta que nos formulamos es si realmente es así, si los distintos aspectos que involucran los procesos de vinculación con los proveedores se encaran en términos prácticos con un criterio auténticamente estratégico o es simplemente un problema que nos ocupa desde la problemática de la logística operacional. Tal vez algunos interrogantes adicionales nos permitirán poder hacer un sincero y descarnado análisis sobre la realidad de nuestra organización: - ¿En la evaluación y selección de proveedores analizamos la compatibilidad cultural de su compañía con la nuestra? - ¿Nos preocupan sus modelos de negocios más allá de sus ofertas puntuales? - ¿Compartimos con ellos nuestras estrategias de negocios y tratamos de involucrarlos en las mismas? - De la misma manera que seguramente lo hacemos con nuestros clientes (y probablemente con nuestro personal): ¿Contamos en nuestra empresa con una estructura de gestión (sistemas de información, comunicación, indicadores de monitoreo, etc.) que nos permitan medir cuestiones tales como la satisfacción del proveedor? ¿O es la parte débil de la cadena, fuente de financiamiento barato y sobre la cual descargamos el peso de nuestro poder de negociación cuando podemos? Es probable que a algunos les pueda generar un cierto escepticismo plantearse la necesidad de resolver estas cuestiones y tal algunos otros consideren al proveedor un engranaje más de un circuito operativo que la empresa debe subordinar a sus exclusivos intereses. Este tipo de pensamiento me recuerda que hace 60 años nos hacíamos este tipo de planteos respecto de los compradores de nuestros productos y hace 30 respecto de nuestro personal (y ya a esta altura, decididamente resulta obvio hacer un planteo sobre lo erróneo de dichas lecturas). Es indudable que la correcta administración de las relaciones con los proveedores forma cada vez más, en forma ineludible, parte de la agenda estratégica de la alta dirección de las corporaciones. Si analizamos en profundidad las prácticas de las empresas líderes de cualquier industria en crecimiento, vamos a encontrar seguramente políticas concretas referidas a la integración plena de los proveedores en los procesos de negocios de la empresa con un rol activo y preponderante. Y el planteo no responde solamente a una moda, sino que responde a la lógica elemental sobre la que se han construido los negocios desde tiempos bien antiguos: la directa relación entre participación y confianza que arroja como resultado involucración y sincero compromiso. Una ecuación que indudablemente rinde sus frutos. ¿No es este, entonces, un buen momento para revisar y fortalecer ese vinculo que hace de cada proveedor un verdadero socio? Lo invito a hacerlo… Recuerdo que uno de los secretos más básicos del crecimiento es permanecer abiertos a toda posibilidad de mejora continua.

(*) Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Abierta Interamericana. Consultor empresario especialista en Management y Desarrollo Organizacional.